Época: Primera mitad del siglo XVIII
Carlo Bonavia nos regala con maestría una escena vibrante y sugerente: barqueros y personajes animan una ensenada portuaria bajo un cielo al atardecer que se desvanece del azul al rosa. El castillo al fondo, con sus arcos y la animada ciudad, completa un cuadro de rara poesía, testigo de la refinada sensibilidad del pintor para capturar el alma del paisaje y de la vida cotidiana.





